Debo reconocer que no conocía la existencia de Davos, cuidad y comuna de los Alpes Suizos de 11.000 habitantes, desde el punto de vista económico y como Foro Económico Mundial (FEM). Fue creado en 1971 por Klaus Schwab quien invitó a los principales ejecutivos europeos a discutir sobre estrategia comercial. El FEM fue creado para “contribuir en la resolución de los problemas de nuestra época” en lo económico y social del mundo.

Este año se ha hablado de forma diferente de este encuentro económico por la situación de crisis global y porque parece que los reunidos allí han intentado hablar de cómo afrontar la situación actual. Todo esto parece muy esperanzador, sin embargo nos podemos plantear si de verdad los que se dieron cita en Davos en esta cumbre tienen idea de que pasa y como se puede salir de esta situación. Yo creo que no.

Si se leen las crónica y artículos de esta reunión, se extrae la concusión de que parece darse por muerta la globalización como solución para el desarrollo de la economía, que no se han pedido responsabilidades a aquellos que nos han llevado hasta donde estamos y que deben ocurrir cambios en los modelos económicos, sociales y de valores. ¿Qué cambios? Porque llevamos oyendo esto desde que se montó la pantomima de la reunión de Washington.

Ahora Davos es un desfile de famosos, de glamour y de manifestantes anti-globalización que después de manifestarse se reúnen en fiestas organizadas por grandes multinacionales ¿Contradicción?

Algo queda en el aire después de esta reunión, que no hemos sido conscientes del impacto intergeneracional de nuestras acciones en los últimos años. Algo de lo que se habló en muchas ocasiones, definido como desarrollo sostenible y que un ex alcalde de la ciudad donde vivo, un día definió como: “Que en nuestro desarrollo urbanístico construyamos también viviendas para los pobres”.

Pobre es la competencia de nuestros políticos, sobre todo los que están liderando el proyecto de comunidades del Mediterráneo español, que pensaron y creo que aún piensan que el desarrollo consiste en construir sin control, consumiendo todos los recursos necesarios aunque pertenezcan a sus hijos o nietos. Si estos fuesen a Davos, sus experiencias deberían estar en un lugar preferente para que todo el mundo pudiese saber que es lo que no se debe hacer, tal vez de esta forma el Foro Económico Mundial serviría para algo más. Cuanto mezquino.

De todo lo leído sobre este foro recomiendo la lectura del articulo “La feria de las vanidades de la globalización” Loretta Napoleoni. El País 30/01/2009.