En los buenos tiempos, cuando todos las empresas funcionan y la economía está en pleno crecimiento, los gestores, lideres, directivos o como se les quiera llamar, no hacen más que hablar del talento, de retener a los mejores, de cuidar a las empleados, de gestionar pensando en las personas, de motivar e incentivar y muchas más teorías que pocos son capaces de implantar. Como mucho quedan en el desarrollo de un plan de retribución variable que termina siendo una parte más de la retribución del empleado, con una evaluación que deja mucho que desear.

Ahora estamos en tiempos de crisis y ¿Qué pasa?… pues seguimos en las mismas, si asistes a diferentes charlas, conferencias o cursos relacionados con la gestión de recursos humanos, resulta que ahora y solo ahora es cuando es más necesaria la gestión de las personas, del talento, la motivación, el coaching, etc.

Un momento: ¡¡¡Algo pasa!!! Siempre la misma receta.

En los tiempos de bonanza los lideres / directivos / gestores lo dicen pero no lo hacen, muchas de las empresas pierden a sus mejores profesionales, estos cambian por que encuentran mejores proyectos. Las rotaciones son altas y aparecen las lamentaciones, Oh!!! Debemos hacer algo: Más leña para cargar la caldera de la motivación.

Luego en los tiempos de crisis también pasa lo mismo, porque los problemas se solucionan despidiendo personas (salvo honrosas excepciones) y en estas acciones, casi siempre poco reflexionadas, se pierden buenos profesionales. Oh!!! Nos acabamos de cargar la caldera de la motivación.

Podríamos pensar que en buenos o malos tiempos, de una u otra forma, siempre ocurre lo mismo. En los tiempos de crecimiento los buenos profesionales se marchan porque tienen lideres mediocres (por no decir malos) que no saben retenerlos, en tiempos malos son despedidos por lideres mediocres (por no decir incompetentes) que temen por su silla.

Las organizaciones funcionan solo si sus líderes son competentes, coherentes con lo que dicen, dan ejemplo y hacen lo que deben (la rueda ya esta inventada), en definitiva son de verdad sus líderes. El resto, en la mayoría de los casos, es ilusión que se genera con la participación.