El viernes me reuní con un grupo de amigos de toda la vida para compartir una cena que al final duró hasta bien entrada la madrugada. Como siempre teníamos mucho de qué hablar, nuestra misión es poner solución a los problemas, a todos, empezamos por los locales y más próximos y terminamos dando soluciones para el país, Europa y el hambre en el mundo. Esto siempre es directamente proporcional al número de Gin-Tonics tomados.

Pero lo mejor de este encuentro, que ya se produce desde hace muchos años, es la sensación de permanencia al grupo que se tiene desde el primer momento. No importa cuánto tiempo hayas estado sin ver a una u otra persona, ni siquiera que sus ideas o forma de ver la vida sean opuestas a las tuyas. Hay algo por encima de todo que hace que no sientas la necesidad de salir corriendo de una reunión de antiguos amigos (que no antiguos alumnos), con los que solo compartes la suma de años, una barriga y menos pelo, en algunos casos mucho… mucho menos pelo.

Creo que en los tiempos que corren es un privilegio poder tener estas reuniones aunque solo sea una vez al año. ¡¡¡Perdón, a pesar de ser solo una vez al año!!! Si las empresas funcionaran con un poco de este espíritu seguramente funcionarían mucho mejor.

Hasta el año que viene.