Lamentarán el error del año pasado. No me invitaron a la fiesta, todas mis amigas estaban allí. Los vestidos nuevos, las mejores joyas, las personas más famosas. Pero yo me quede en mi casa, con mi aburrido marido, que no tenía otro interés que chatear desde su teléfono móvil. Me hace gracia, está en el sofá inventando cosas que no hace para luego contarlas en la red. Qué ironía. Lo tengo todo planeado, solo necesito una cuenta en Twitter. Este año lo contaré todo, he conseguido un trabajo en el servicio de catering de la fiesta.