La selección española de futbol ha ganado el campeonato del mundo. Todos, los entendidos y los neófitos aseguran que es toda una hazaña, y por la repercusión que ha teniendo así lo parece. No es un equipo de grandes figuras mediáticas, más bien parecen humildes, poco dados a las extravagancias y además “bajitos”. Así pues, estamos hablando de un gran equipo, formado por personas que asumen un rol dentro del mismo, sin pretender destacar, solo haciendo bien lo que les es asignado. También tiene un entrenador, coach o “jefe”, que coordina, decide tácticas y asume responsabilidades, pero no destaca, no hace grandes declaraciones y casi pasa desapercibido.
Pero hay algo más. No se puede crear un equipo de estas características sin que exista entre ellos una serie de valores compartidos que les mantienen unidos y que les sirven para reforzar su trabajo. Valores como la humildad, la honestidad, anteponer el equipo al individuo, se han visto claramente en este colectivo y sobre todo en su líder.
En el mundo de la empresa hay muchos directivos miopes que siguen creyendo en las individualidades, en su gran capacidad de trabajo, en los grandes esfuerzos personales y en todo aquello que significa solamente destacar por encima de los demás. Normalmente solo piensan en ellos mismos y desprecian todo aquello que signifique esfuerzo colectivo, equipo, y al final compartir el éxito.
Pero también hay personas que piensan que lo mejor es formar un buen equipo, que no significa tener a los más altos, guapos o famosos, sino tener a un grupo humano que comparta fracasos, éxitos y sobre todo valores. Mantener un esfuerzo compartido que les llevará al éxito y mejorará los resultados. Con un jefe que proporcione: Predictibilidad, compresión, control y proximidad.

La selección española de futbol no es más que un ejemplo claro de esto: Esfuerzo y valores compartidos. Ellos de forma individual son rivales, competirán dentro de unos meses en equipos diferentes, con objetivos enfrentados. Pero ahora son uno.
En el mundo de la empresa se tiene una ventaja adicional, una vez formado el equipo, ya no serán rivales en el futuro, a no ser que un jefe equivocado los enfrente o los elimine.

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