Estamos viviendo simultáneamente un tiempo histórico convulso y complejo. En cuanto a la primera calificación, es porque existen en todos los ámbitos de la vida, lo que afecta personas, organizaciones y la sociedad en su conjunto, una incertidumbre que se alimenta día a día por una revolución tecnológica que no para un instante, que hace que las decisiones que se tomen tengan que ser cada vez más rápidas y precisas para enfrentar los diferentes retos a los que nos enfrentamos; en cuanto a la complejidad, es que son cada vez más las variables que entran en juego y que condicionan cómo y cuándo se deben implementar las acciones.
Pero a su vez, nos dirigimos a todas/os los jóvenes, porque si algo de característica común tiene el tipo de liderazgo al que estamos asistiendo, por ejemplo en la Unión Europea, es quizás el más flojo de los últimos cuarenta años de la historia del Viejo Continente. Es imperiosa la necesidad de que haya un recambio de liderazgo político, que seguramente –como siempre ha ocurrido- provendrá de una “revolución de pensamiento” sobre qué hacer, cómo hacerlo y cuándo. En el liderazgo de las organizaciones, saber el qué, el cómo y el cuándo, así como el por qué de las decisiones que se tomen, es clave. De la misma forma, debería serlo en el liderazgo político, cosa que por muchos motivos que exceden el alcance de nuestro artículo de hoy, no ocurren o lo hacen con muchas salvedades.
El pensamiento es el padre de la acción y eso es especialmente cierto en cuanto a la elección del camino del éxito y la generación de una felicidad razonable en “nuestro cuerpo”. Hemos sostenido en varias ocasiones, que cualquier acción tiene origen en un pensamiento inteligente, aclarando que no es redundante expresar juntamente las palabras pensamiento e inteligente, porque hay formas de pensar que por más que se procesan en nuestra mente, no garantizan que las mismas entren en la categoría de inteligencia. Dicho más coloquialmente: siempre se piensa, es un acto que durante muchas horas del día es de tipo inconsciente, casi automático, lo que hace que muchas de las cosas en las que pensamos no tengan valor para nuestras decisiones que realmente nos importan.
Por eso, en el contexto de este artículo, la inteligencia precede siempre a la acción y todas las metas que podamos alcanzar en la vida. Los logros se basan en acciones, pero no puede existir acción alguna sin pensamiento. Así de claro. La diferencia entre esta situación y las acciones impensadas, intuitivas, respondiendo al principio de acción-reacción automático, es que éstas se alojan más en nuestra parte primitiva del cerebro. Establecer una misión comienza con una idea, una perspectiva, un punto de vista, o incluso sólo una actitud. La cuestión es qué hace el líder para convertir sus pensamientos en acciones y asegurarse que van por buen camino. ¿En dónde está el truco? ¿En qué parte de su pensamiento radica la fuerza de la conversión de una cosa sin valor en una acción valiosa? ¿Cómo hacen los líderes efectivospara multiplicar las posibilidades de triunfar cada día?

1.- Las metas divisibles

No se puede hacer todo lo que se quiere hacer para cumplir un objetivo en un solo día, pero sí se puede establecer cuál es el proceso para llegar a la meta de la manera más rápida posible y con mayor eficacia. La cuestión es dar el primer paso oportuno. ¿Qué paso? ¿Cuándo?
Determinar el qué y la oportunidad es anterior a la acción. Pero ojo al dato: la diferencia que marca el éxito de un líder efectivo y otro que no lo es tanto, está en la proximidad en que su acción tiene con su pensamiento. No tardan demasiado en resolver el “enigma” del día o del mes al que se enfrentan, por tanto reducen el espacio del diagnóstico de la situación y la consecuente planificación al mínimo. O sea, que el líder que es más efectivo, inicia antes el proceso de implementación de las acciones que su oponente competidor. Va un paso por delante, porque su pensamiento no condiciona la acción. Por el contrario, la impulsa.
Es frecuente que en las decisiones empresariales o de alta política, sea justamente el análisis de las consecuencias de la aplicación de tal o cual medida, la que obliga a demoras, a veces injustificadas. El líder efectivo reduce éste espacio temporal al mínimo y prefiere ajustar y corregir sobre la marcha.
En la política y acciones de gobierno, es frecuente que no se tenga esta suerte de velocidad de respuesta para la acción, porque se dedica (a veces de manera absolutamente improductiva) demasiado tiempo a la preparación de planes, discusiones, debates, etc. Desde ya que los políticos que siempre han sobresalido del resto en cualquier etapa de la historia, tuvieron la capacidad de aplicar la parte instintiva del cerebro acompañada de su parte más moderna de la actividad cerebral que está en el lóbulo frontal.
El desarrollo del cerebro del hombre contemporáneo (por supuesto los que coexistimos en este siglo XXI), ha aprendido a dominar y controlar aquella parte instintiva, buscando un equilibrio entre lo racional (hemisferio izquierdo) y lo emocional (hemisferio derecho), pero alguna de las secciones antiguas del principal órgano humano, han pasado a gestionarse desde una perspectiva moderada y perfectamente adaptada a la civilización actual. El instinto del cazador para supervivir es el que hoy día aplica el buen líder en la lucha competitiva de empresas y mercados, pero totalmente regulada por un análisis crítico y racional de la situación a la que se enfrenta.
La cuestión es, que en el contexto que estamos dando hoy a nuestro aporte doctrinario, creemos que la mayor preparación y experiencia del líder es la que establece los puentes para acortar esta distancia entre pensamiento y acción. En otros términos: salvo honrosas excepciones, por ejemplo, la juventud de Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, que ha llevado la empresa a primer lugar mundial de las redes sociales y a ser la que más crece en valor de acciones en las bolsas y mercados, para dar el paso a acciones que garanticen un éxito razonable, se requiera intuición más experiencia. De ahí que Zuckerberg junto a otros pocos sean la excepción.

2.- Eliminar la incertidumbre

En el complejo mundo empresarial y competitivo en el que vivimos, que está absolutamente correlacionado con las políticas económicas y sociales que se tomen en un país, no hay día en el que nos deje de invadir la incertidumbre para actuar (en términos generales) y las dudas sobre si hay que tomar o no determinada decisión (términos particulares), que se quiera o no están afectando nuestros planes, ideas, perspectivas y diagnósticos.
Pero nos dirigimos a todas nuestras lectoras/es y les damos un consejo al respecto: escojan un plan, vean si realmente creen que su meta tiene sentido y se acomoda perfectamente a la idea general que tenían en su cabeza. A continuación, aunque cueste (tanto en esfuerzo físico y mental como económico), asesórense, pidan ayuda, busquen un mentor, pero den el primer paso.
Uno de los autores tuvo ocasión de conocer a una mujer emprendedora que desarrolló su negocio mientras tenía un cargo de responsabilidad en una Cámara de Comercio e Industria. Debido a la confidencialidad que debemos guardar, no damos su nombre, pero sí contamos su historia. Al año de crear la nueva consultora en materia de relaciones públicas y comunicación corporativa, pudo dejar su cargo y jamás lamentarse por ello. Compatibilizó un trabajo de tiempo completo durante un año con el inicio de otra actividad. Y en el momento que nadie lo esperaba, dio ese paso, porque ya contaba al menos con la confianza (convertidos en clientes) de tres marcas de consumo multinacionales.

3.- Asumir el riesgo

El líder efectivo, ese que reduce los plazos y llega antes que sus homólogos a la acción, tiene un pensamiento que se puede leer en su frente: “voy a hacer lo que nadie más está dispuesto a hacer”. Como suele ocurrir en casi todas las facetas de la vida, a veces, la forma más simple de hacer una cosa que realmente sea diferente a las otras que existen y que se destaque, es tomar la iniciativa sencillamente de proceder, de hacer, de pasar a la acción.
¿Cuál suele ser la razón principal? Que los demás están quietos (puede que por un espacio de tiempo reducido) o absolutamente estáticos (normalmente no entra en sus cálculos competir en ese producto o mercado). Es evidente que para que esta celeridad en las decisiones ocurra, el papel de la innovación tecnológica es decisivo. Así les ocurrió a los fabricantes de grandes ordenadores y sistemas, cuando no llegaron a dimensionar lo nuevo que se venía, la microinformática y la generación de los PC. En tiempos actuales, qué líder puede ser tan ciego de pensar que la telefonía móvil y las diversas formas que han adoptado las comunicaciones en general, no tienen efecto en los usos y costumbres de personas y organizaciones.
Elegir una cosa en un momento determinado, puede ser muy simple desde el punto de vista técnico, pero no en cuanto a su alcance empresarial. Por ejemplo, el cambio sustancial que los medios de comunicación online supuso también en la propia cultura personal (qué leemos primero todos los días) y la lamentable situación casi de supervivencia que están experimentando los medios convencionales. Ese cambio pequeño al principio, incipiente en cuanto a la cantidad de publicidad que se volcaba en los medios online, ha dado “la vuelta a la tortilla” y se ha producido una gran mutación entre publicidad convencional y online (un trasvase importante) que ha exigido también una forma de pensamiento diferente en cuanto a marketing, planificación, etc. Se entraba en el mundo digital y éste también transformaba las acciones y las decisiones.

4.- Lo pequeño ¿es hermoso o potente?

Después de unos pocos días de implementar algo que los demás lo ven como espectadores (novedad de producto o servicio en el mercado), se podrá considerar al líder como original, poco frecuente e incluso, arriesgado. Pero si la decisión tomada va por buen camino, cuando pasan más días, incluso meses, se empezará a considerar dicha decisión como especial. Finalmente, habrá competidores que están trabajando en un producto o servicio, sustitutivo o también complementario, pero ya estarán persuadidos que aquel líder un poco cuestionado por su “temeridad”, lo que estaba haciendo es algo que puede considerarse increíble o extraordinario.
¿Qué es lo que demostró este líder efectivo que llevó a la organización a este punto de liderazgo en el mercado? No tener miedo a ser diferente, o mejor dicho quizás, su pensamiento fue tan rápido que lo convirtió en acción, porque su intuición le decía que nadie reaccionaría hasta pasado unos meses.Esto ocurre en todo tipo de sectores de la economía. Cuando un tipo de automóvil tiene éxito, especialmente en cuanto a diseño, al principio el fabricante goza de lo que se llama “beneficios de monopolio”, porque no existe ningún otro competidor en condiciones, al menos por unos meses, de poner un producto similar en el mercado. ¿Qué es lo que sucede entonces? Que la idea “revolucionaria” que incluso fue cuestionada por el sector, empieza a convertirse en la tendencia de los otros fabricantes que se quedaron rezagados.
José Luis Zunni es Director Edición Online ECOFIN. Miembro de la Junta Directiva de Governance2014. Coordinador académico de la Red e Latam. Conferenciante. Ponente de Seminarios de Liderazgo y Management de la EEN y coordinador del FORO DE MANAGEMENT Y NUEVA ECONOMÍA DE LA EEN. Analista de la realidad actual y especialmente en los aspectos económicos, políticos y sociales, Experto en Management y formador de directivos y profesionales en las técnicas de liderazgo.
Ximo Salas, Co-autor del libro “Mejora y gana” (Manual de Marca personal para la búsqueda de empleo).Fundador de Crea Community (Social Media and Human Resources Company). Consultor, confrerenciante y formador. Miembro de la Junta Directiva de Governance2014.
Javier Espina Hellín, miembro de ECOFIN Business School Group y de la Junta Directiva de Governance2014.