Muchos de los que lean esta líneas se habrán enfrentado, en un proceso de selección, a los rechazos por motivos de edad; unos por ser “mayores”y otros por ser demasiado “jóvenes”. Cosas del mercado laboral, se cree que la experiencia es un grado y la rechaza cuando la tiene en la puerta de la empresa, mientras los que no la tienen mendigan un puesto insípido para poder acumular aquello que a otros perjudica.

Sin embargo algo está cambiando desde el punto de vista profesional, la tecnología nos rodea y cambiará todo aquello que se pueda automatizar para que lo haga una máquina, pero cada vez son más importantes las habilidades sociales en los puestos de trabajo; esa parte del ser humano que de momento los robots tienen difícil de imitar.

Así que nada más lejos de esta sociedad que está loca por no parar, donde los WhatsApp’s echan humo y las personas se ven invadidas por noticias que tan solo duran horas, pasando al olvido inmediato porque otras las tapan, todo parece efímero. Consumimos información como si fuese un “fast-food” de centro comercial en sábado por la tarde, lo cercano se hace lejano y lo que ocurre lejos está en la pantalla de tu tableta, y lo devoras mientras a tu lado siguen ocurriendo cosas que no percibes, tienes tu hamburguesa en una mano y el teléfono en la otra.

 

En esta “fast-sociedad”las experiencias de las personas pasan a un primer plano, siempre podemos ofrecer lo que vamos construyendo, aprendiendo, viviendo y que hace que crezcamos personal y profesionalmente. Las organizaciones necesitan cierto “sosiego social” que les permita avanzar por el camino correcto, no sea que la información no contrastada les lleve por donde no hay salida.

Apreciar la experiencia de los “mayores” como un valor añadido en un candidato puede aportar a una empresa diferentes ventajas competitivas.

  • Adoptar una mirada sosegada frente a un entorno confuso.
  • Comparar con momentos similares para identificar los riesgos ya vividos.
  • Rechazar desde el principio todo aquello que ya fue descartado.
  • Aprender desde una visión de largo plazo.
  • Apreciar diferentes puntos de vista, sin renunciar a la identidad.
  • Mediar en una cultura de ganar-ganar, no esperando premios.

Cuando hablamos de experiencia siempre lo asociamos a una cierta edadcronológica, los años cargan nuestras pilas de experiencias, eso es cierto. Pero en este caso eso no es así, no necesariamente en esta “fast-sociedad” y más aún con la rapidez que se está moviendo. Los “jóvenes” acumulan en este momento esa experiencia que las “viejas organizaciones” no tienen, esa que necesitan porque de lo contrario se quedan atrás.
Apreciar la experiencia de los “jóvenes” como un valor añadido en un candidato puede aportar a una empresa diferentes ventajas competitivas.
  • Estar atenta a las nuevas tendencias de la sociedad y entenderlas.
  • Comparar con otras experiencias actuales que ocurren en el mismo momento.
  • Rechazar desde el principio todo lo que no es identificado como válido ahora.
  • Aprender desde una visión de corto plazo, perder el miedo a los cambios.
  • Apreciar diferentes puntos de vista desde la igualdad, sin imposiciones, con tolerancia.
  • Mediar en una cultura del “feedback” continuo, donde todos se comunican con todos.
Así que flaco favor hacemos a nuestras organizaciones si en los procesos de selección discriminamos a los candidatos por edad, tanto por “mayores” como por “jóvenes”. Esa no es la cuestión, la verdadera pregunta es: