Imagina que un día alguien hace el siguiente comentario sobre tu empresa.

 

“Esto es como un pequeño pueblo, donde todos nos conocemos y hablamos de todo, hay que entenderlo así…”

 

Lo cierto es que es una frase que llama la atención, sobre todo por lo que implica de visión humana de la empresa. Cuando pensamos en un pueblo de 150 o de 600 habitantes, no pensamos en números, pensamos en personas que conviven en un determinado lugar, y son felices, y discuten, y votan, y tienen un alcalde, y se casan, y se divorcian, y se ayudan, y se odian, y todo aquello que hace un ser humano que tiene la capacidad de sentir, pero también porque pueden seducirse y enamorarse.

 

Me gustaría que las empresas fuesen así, que desarrollasen la capacidad de amar y seducir a sus empleados, a sus clientes, a sus accionistas, porque de esa forma todos serían más felices y aquellos que no quisieran enamorarse de su empresa se tendrían que marchar.

 


Sobre este tema recomiendo la lectura del libro La Empresa Sensual (Jesús Vega de la Falla, Edit. Empresa Activa). Lo leí y debo reconocer que me sorprendieron algunos de los planteamientos que contiene, aunque otros no los comparto. El autor define las empresas sensuales como aquellas que son capaces de enamorar a los clientes, accionistas y sobre todo empleados (resumen muy simple del libro), no le falta razón en sus planteamientos y los ejemplos en los que se apoya son claros, pero la duda que le queda a un lector como yo, que además está en el mundo de la empresa, es muy trivial: ¿Es esto posible en cualquier empresa? ¿Lo puede o debe hacer mi empresa?
 

No podemos olvidar que las empresas tienen como fin último ganar dinero y que este extremo –según la cultura heredada- está reñido con la posibilidad de tratar a tus empleados como personas y no como números.

 

Sin embargo no podemos ocultar el hecho de que la cultura de las empresas esta cambiando en este sentido –aunque venga de la mano de los cambios digitales y la cultura colaborativa que se extiende-, impulsando una tendencia más humanista de la gestión de las mismas.

 

Los directivos se resisten –algunos claro- pero la tendencia es imparable, humanizar la gestión de los antiguos Recursos Humanos, haciendo que la parte humana de la organización tenga un papel destacado sobre el resto de actuaciones. Hacer que tu empresa sea como un pueblo donde todos participan de lo general y de lo particular, con sus ventajas e inconvenientes. El interés común y la cultura de la colaboración.

 

Tres características básicas definen a las empresas que desean iniciar el camino hacia esa humanización de sus relaciones: Se trata de la gestión de los momentos de la verdad -o momentos críticos- del empleado, y se gestionan cambiando los hábitos de comunicación con sus empleados de forma clara y evidente.

 

 

Las empresas dejan de lado los viejos sistemas de comunicación y se abren a otros tipos de experiencias más enriquecedoras para todos. No solo en cuanto al contenido, la transparencia de la información y los actores que la proporcionan, sino también en cuanto a la disposición de los espacios y las personas, los horarios o la consideración hacia las vivencias personales de los empleados.


  • Gestión de los momentos críticos personales de los empleados. Como seres humanos construimos nuestras vivencias con momentos felices y otros no tanto, para todos ellos es necesario acompañar a aquellos que te rodean y que de verdad aprecias. No solo trabajamos también vivimos.
  • Gestión de los momentos críticos del empleado en la empresa. La interacción dentro de la empresa es continua, no es intermitente. Pero en ocasiones esa comunicación se convierte en critica, en única. En esos casos es necesario acompañar a los empleados, y no solo gestionar o entregar la información.
  • Gestión de los momentos críticos del empleado con la empresa. Cada individuo tendrá en su paso por una organización diferentes vivencias que para él serán de alguna manera críticas, y marcarán su futuro profesional. En esos momentos, positivos o negativos, la empresa debe gestionar las emociones y acompañar al empleado, no solo tomar decisiones.

¿Te gustaría iniciar este camino?
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