En cuestión de empleo y en estos tiempos, nunca fue más real la sensación de ser transparente, casi invisible. Esto en condiciones normales sería como tener súper poderes, como ser un superhombre que puede ir de un lado para otro sin ser visto, poder entrar en los lugares que nos diese la gana, sin ser detectados.

Espiar, observar y luego elegir el lugar que mejor se acoplase a nuestro perfil profesional. Presentarnos a la entrevista teniendo información privilegiada, dejando atónito al entrevistador con nuestras certeras respuestas. ¡Fantástico!

Un sueño. Lo cierto es que para muchas personas con más de 45 años de edad y con un buen bagaje profesional, lo que ocurre es que son literalmente transparentes para las empresas y sus reclutadores, pero no como un poder fantástico, sino como una pesadilla diaria, construida desde el mismo momento en que se apuntan a un proceso de selección, con el mayor de los deseos de encajar y con el peso de los años.

No avisaron, nadie les dijo que después de pasar el ecuador de su vida laboral se verían en la situación de ser “despreciados” por la mayoría de las empresas en las que podrían desarrollar el resto de su trayectoria profesional, aplicando además la experiencia acumulada.

Siempre pensaron que esa experiencia sería el salvoconducto que les permitiría navegar por el mundo laboral sin ningún problema. Una visa válida para cualquier frontera, sin peajes, con privilegios.


Tal vez esta seguridad les hizo bajar los brazos, no mantener la atención en lo que sucedía y confiarse en exceso. Acomodarse fue el camino indicado en todas las guías vitales, pero en realidad fue un plato servido con malicia, que todos comieron y que aún no han digerido.

Cuando perdieron sus puestos de trabajo, lo cierto es que perdieron su norte, su forma de vida, ya no solo como sustento económico, sino como forma vital de entender todos los días, uno tras otro desde hacía muchos años. 

Portada novela “Dulce Crisis”

Digerir el despido no fue fácil, pero más difícil ha sido darse de bruces con una realidad que les rechaza, que les deja de lado, cuando lo que pueden aportar es experiencia y buen hacer en su oficio. Se quedaron solos a los pocos días de quedar sin trabajo, algunos tuvieron el valor de pedir ayuda, consejo y empezaron a tejer una tela que luego las ha servido de protección. 

Pero la mayoría no acepto la realidad y continuó su lucha en solitario, pensando que todo era un gran malentendido, un galimatías que se descubriría por evidente. Pero eso no ha ocurrido, seguramente ni ocurrirá.

¿Qué puedes hacer si estás en esta situación? No hay formulas mágicas, ni soluciones empaquetas esperando que las compres, las abras y las disuelvas en zumo de naranja, para tomar cada ocho horas durante siete días. Pero si existe la opción de dar la vuelta a lo que en principio parece tu gran enemigo: La edad. Traduciendo al marco profesional, la experiencia. La podemos convertir en un buen salvoconducto, es en realidad un punto fuerte de tu DAFO personal.

¡Úsala!

La experiencia(la edad) te debe proporcionar…
 
  • Serenidad. Para afrontar con calma un proceso difícil y tal vez largo. Levanta la mirada hacia el futuro, no pienses solo en el corto plazo.
  • Perspectiva. Para tomar distancia con lo que ocurre a tu alrededor, para planificar tus acciones futuras y no dejarte llevar por la improvisación.
  • Oficio. Para mostrar qué es lo que sabes hacer, en que eres bueno, que puedes ofrecer en el mercado laboral. No vale todo. No ocultes nada.
  • Superación. Para conseguir un espíritu de mejora continua y demostrar que sabes adaptarte a los cambios, que no te asustan los retos, que la experiencia te hace más fuerte, pero no más lento.
  • Modestia. Para pedir ayuda a tus amigos, a tus ex compañeros, En media vida se han acumulado muchos contactos, úsalos, llama. Pero no pidas nada, no pongas al otro en medio de tu compromiso, solo informa de tu situación y preocúpate por la suya.

Puede sonar a utopía, a canto de sirenas, pero sin duda una estrategia desarrollada desde la experiencia no pasa por ofrecerte al primer postor, no vale cualquier cosa.


Como la protagonista de “Dulce Crisis”, no entres en la dinámica diaria de pedir un puesto de trabajo, más bien trabaja para mostrarte y crear la necesidad en el reclutador de conocerte, siempre será mejor que te busquen, que te requieran, que te necesiten, que te llamen. Tu experiencia lo merece.

Puedes leer la novela que completa esta historia… “Dulce Crisis” ¡No te la pierdas!