El empleo es algo muy apreciado y escaso en los últimos años, un elemento esencial en la articulación de esta sociedad, y que está sufriendo cambios en su forma, concepto y expresión desde hace más de 8 años. Lo curioso es que pocos, de los que deben estar atentos, se están dando cuenta. Creen y transmiten a la sociedad que se trata de una situación coyuntural, fruto de la crisis desencadenada en 2008. Que estamos en la senda de la recuperación y que cuando esta se materialice, todo volverá a ser igual. No hay nada de cierto en esa afirmación.

Cada 3 meses el INE (Instituto Nacional de Estadística) nos proporciona una lluvia de datos empaquetados bajo el nombre de EPA (Encuesta de población activa). Minutos después, unos cuantos voceros designados por los partidos políticos y el gobierno, salen a dar su interpretación de dichos resultados. Ni que decir, dado por supuesto, que cada uno de ellos los interpreta según su conveniencia. No se discriminan los datos atendiendo a su globalidad, evolución y entorno (Visión de todo el conjunto de datos obtenidos), sino que se atiende solo al titular, a lo que puede impactar de forma más directa. (Nota de prensa de la EPA)

La EPA del primer trimestre de 2017 muestra un aumento del paro 17.200 personas y una disminución del número de ocupados de 69.800 personas.

¿Cómo se te queda el cuerpo? Antes de nada, aclarar que estos datos no son contradictorios, se dan porque no todas las personas que dejan de estar “ocupadas”, pasan a ser parados, ya que pueden optar por no volver al mercado laboral.

Y de repente los voceros, instalados en plaza pública, se sacan de la manga una justificación que tiene más que ver con la tradición cristiana que con la coyuntura económica de la cuarta potencia de la Unión Europea: “La Semana Santa ha caído en abril”. Fascinante. Eso hace que los resultados de esta encuesta sean más desfavorables.

Los datos son tozudos. La información obtenida por la EPA en los últimos años proporciona una visión poco positiva de nuestro mercado laboral, lo alarmante es que seguimos empeñados en mirar hacia otro lado. Es cierto que la contratación que se produce en la semana santa influye en la EPA, pero eso no es una noticia, ni una justificación, eso es un “comportamiento”. Nuestra economía depende de esa actividad para generar empleo, y de la rebajas y Navidad, y del verano, y de la feria de abril, y de las Fallas, y de San Fermín… y de que la coyuntura bélica en otras latitudes desvíe el turismo hacia estas latitudes.

Según la EPA del primer trimestre de 2017 la población activa mayor de 16 años ha bajado en 52.600 personas, en el último año el descenso ha sido de 127.700 personas.

No hay ningún movimiento significativo en los últimos años que indique la toma de medidas para hacer que nuestra economía dependa solo del un factor servicios. Una orientación que nos lleve, poco a poco, hacía las nuevas tecnologías, la revolución digital y la industrialización asociada a IoT (Internet de las cosas), la I+D+i, la robótica, o cualquier otra alternativa que nos ponga a la vanguardia de lo que se avecina.

Según al EPA del primer trimestre de 2017 los contratos temporales descienden en 122.600, aunque el acumulado interanual aumenta en 210.100 contratos.

Así que además, nuestro empleo generado es precario y de baja calidad (En parte: El último año los contratos indefinidos se han incrementado en un 1,75%, los temporales en un 5,62%). Esto es un síntoma. Destruimos contratos temporales después de cada campaña turística, porque es lo que se generamos.

Ante estos datos, no creo que la mejor opción sea quedarnos esperando a que “escampe”, se recupere la economía y todo vuelva a ser igual que antes de Lehman Brothers. Esto no es cierto. Supongo que los responsables en este país de activar las medidas necesarias desde el gobierno lo saben tan bien como yo, eso espero. Aunque parecen actuar sin conocimiento de causa.

Es necesario tomar la iniciativa, en educación: futuro sistema y Universidades. En inversiones tecnológicas, atracción de talento en investigación y futuro de la sociedad inteligente. Nuestro ecosistema nos lo está denunciando.

Recuerden nuestros queridos gestores que la fabricación de vehículos a motor (no eléctrico) aporta a nuestro PIB nacional aproximadamente un 10%. Esto no es Semana Santa, que solo se mueve semana arriba o abajo, esto depende de las inversiones en tecnología de empresas privadas. El coche eléctrico ya está aquí.

(Acceso a Hoja Excel con los datos de la EPA del Primer Trimestre de 2017)

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