Hace algunos años -no muchos- nos preguntábamos si lo que estaba ocurriendo tendría consecuencias en el futuro y como cambiaría nuestra sociedad, nuestra vida, nuestras relaciones, nuestro trabajo y todo lo que hasta ese momento parecía inamovible. Hoy ya son muchos los que afirman que la sociedad ha cambiado y continuará esa evolución, de la mano de las nuevas tecnologías. Es un proceso continuo.

Los cambios ya están sucediendo, pero ocurre como cuando tu hijo/a va creciendo, solo alguien que no lo/la ve en un tiempo se da cuenta: “Que mayor esta, como ha crecido”. Uno normalmente no es consciente, lo vive todos los días.

Descontando todo lo que está asociado a nuestra ya famosa crisis, que todos esperamos superar lo antes posible, con la inestimable ayuda de nuestros queridos políticos (sarcasmo). Debería ser el tiempo de las personas, de las emociones, de las relaciones, de tener en cuenta las capacidades de las personas (no solo su maravilloso currículum vitae).

Ser excelente ya no garantiza nada.

Estamos ante un tiempo en que la inmediatez de la comunicación, el intercambio de ideas y conocimientos, nos pone más cerca de la gestión de capacidades y emociones que de la gestión de personas tradicional (competencias).

Esto afectara a la relación entre empleados y empleadores, estos últimos deberán revisar sus procesos de captación y retención de talento. Porque los empleados podrán crear, compartir, aprender, apoyar y desarrollarse de forma libre y rápida. Los empleados ya no buscaran empleo, más bien una forma de realizarse, compartiendo conocimiento, y todo basado en la responsabilidad individual.

El empleador ya no podrá pensar el tener el control de todo, pero también el empleado deberá pensar en la polivalencia, en la ilusión, en la pasión, en la flexibilidad, en la superación. Como antes, todo basado en la responsabilidad individual.

Al final parece imponerse el individuo, pero no como algo aislado. Todo lo contrario, el individuo como parte de un todo que se comunica, se relaciona, aprende, aporta y ayuda, sin importante quien cobra los derechos o quien se pone la medalla. Pero importando mucho que lo que hace sirva y le haga sentir realizado, es una forma de vida.

Las mejores organizaciones serán aquellas que sepan gestionar mejor las relaciones de sus miembros.