Y dio otro bocado, y otro, y otro, y otro… parecía devorar en lugar de comer, sus dimensiones eran espectaculares, casi no cabía en la silla y su bandeja estaba repleta de comida. Enfrente unos ojos pequeños y extraños le observaban, la boca entreabierta y la mayor cara de sorpresa que jamás he visto en un niño, sosteniendo con sus pequeñas manos un bocadillo, pero sin atreverse a mirarlo, creo que no quería llamar la atención de su devorador vecino.

Miré a mi alrededor, me aparté de la cola y salí del local de comida rápida intentando no ser visto. Esa noche no cene.