Por ejemplo, recordar el nombre de la mujer que me ayudaba todos los días a anudar la corbata me resultaba muy difícil.

Me desesperaban estas situaciones, cuando entraba en el camerino y me sentaba para preparar una sesión de fotos, por delante de mi pasaban peluqueros, estilistas, guionistas, todo un ejército de personas que me ayudaban y que supuestamente yo debía conocer de otras sesiones, de otros días.

Pues nada más lejos de la realidad, me limitaba a sonreír intentando no ser grosero, porque no reconocía a las personas que me rodeaban cada día. Intentaba mostrar un aire de concentración que lo disimulara todo, como si estuviese centrado en las cuatro líneas del guión. Creo que todos pensaban que mi carácter era reservado y poco dado a los comentarios, introvertido, esa era mi imagen pública. La verdad es que ya estaba cansado, sabía que no me favorecían, pero definitivamente no podía aplazar por más tiempo ponerme las gafas.