Fresca, brillante, antihistamínica, así la imaginaba todos los días, era la recarga de todas sus alergias. Nada más entrar en el Starbucks buscaba con la mirada su presencia. Si la encontraba, después de pedir su habitual “caffè latte”, intentaba sentarse lo más cerca posible de ella. Observaba cada uno de sus movimientos, como iba vestida y que estaba leyendo, se imaginaba una conversación con ella y como sería su mundo. Cuando ella se marchaba, él salía del local por una puerta diferente.

Ella pedía un “coffee latte” y se sentaba en el lugar más despejado del local, quería ser vista. Luego esperaba su llegada, antes de continuar su camino hacia el trabajo. Él le hacía sentirse fresca, brillante, antihistamínica…