Observo mi trocito de cielo, como cada mañana. Veo como lo cruzan estelas blancas que luego forman nubes alargadas, intento adivinar hacia donde van… este a Madrid, este a Barcelona, este tal vez a Zúrich…

Imagino a las personas que van dentro de ese cilindro metálico, unos por placer, otros por trabajo, otros para olvidar. Siento que voy en uno de ellos, relajado, para llegar a un lugar donde no hay recuerdos, ni gritos que te despiertan a medianoche.

Suena la alarma que nos avisa de la hora del almuerzo. Cierro despacio los ojos mientras palpo la litera superior y tomo mi pase para el comedor. Tengo hambre, debo darme prisa. Los funcionarios son muy estrictos en Soto del Real desde que esto se ha convertido en un “reality” de famosos, si llegas tarde te dejan sin comida.