En el mundo laboral actual parece establecido un estándar por el que todo hombre o mujer mayor de “cierta edad” es sospechoso de no llegar a cumplir las expectativas de cualquier proceso de selección y en la mayoría de los puestos de trabajo. La situación empeora si eres mujer. Sin embargo la realidad tiende a desmontar dicho estándar, la transformación digital que deben afrontar las empresas requiere de este poso de experiencia, de una visión crítica de las cosas que han sucedido y no deben repetirse.

Somos conscientes que cualquier hombre o mujer con cierta edad está en plenitud de facultades, acumula experiencia y mantiene un grado de superación alto, incluidas las vivencias personales que le proporcionan un punto crítico con él mismo y con su entorno que le permite cuestionarse cosas que otros –más jóvenes- tal vez aún deban vivir, desarrollando su inteligencia emocional.

¿Todas las empresas pueden contratar a un sénior?

Pues no, ciertamente no. Algunas cosas deben cambiar para que las visiones actuales de negocio den cabida a la entrada de un sénior en una organización. Las empresas no están preparadas y tendrán que hacerlo en poco tiempo o perderán una oportunidad que marcará su desarrollo futuro. Tengamos en cuenta el envejecimiento de la población y por tanto el aumento de la edad de los profesionales activos, si o si, esto es ley de vida.

Los argumentos que se han esgrimido hasta el momento están perdiendo fuerza. Básicamente son dos:

  • En primer lugar está en el coste que pueden tener estos profesionales frente a personas más jóvenes que buscan sus primeras oportunidades, diferencial que sin duda existe. El punto vital en el que se encuentra un sénior es diferente, sus necesidades no son las de un junior. Pero los tiempos también son diferentes y en estos momentos muchas de las “demandas” de un sénior no deben o tienen que cubrirse con un mayor coste salarial, poner medios para que un sénior disfrute del proyecto profesional y de la vida, al mismo tiempo y de forma compatible, es muy rentable. Ah! Y ahora ya es posible.

  • La segunda justificación se encuentra en la posibilidad que ofrece una persona más joven de ser formada y adaptada a una determinada cultura empresarial, frente al profesional con experiencia sobre el que se puede pensar que viene con unos hábitos adquiridos que difícilmente cambiarán. Tenía peso en otros tiempos, pero no ahora, porque tiene que ver con el desarrollo de las personas y su capacidad de avanzar y adaptarse, puedes leer a continuación 8 razones para desmontar este argumento.

¿Todos/as serán capaces de convencer a una empresa a pesar de la edad?

Seamos críticos, no todo el “monte es orégano” y no todos los séniores serán capaces de incorporarse con la perspectiva –Definición RAE: Punto de vista desde el cual se considera o se analiza un asunto.- que tiene una empresa a la hora de plantearse una nueva incorporación. Ellos/as también tienen por delante una responsabilidad importante de transformación –sobre todo digital- que les permita estar a la altura y no convertirse en pocos días en meros contadores de historias.

Dicha transformación pasa por el desarrollo o refuerzo de algunas habilidades o competencias concretas y que todo profesional debe saber hacer públicas –Marca Personal-. Están enlazadas unas con otras ya que cada una de ellas nos lleva a querer profundizar en la siguiente, desembocando finalmente en la que ahora tiene mayor protagonismo: La competencia digital. Veamos cuales son:

  • Recuperar la autoconfianza. Esto se pierde por el camino de la vida con mucha facilidad y sobre todo si llegas a sentirte invisible en un mercado que discrimina por edad. Dile a los demás que puedes hacer por ellos, de lo contrario no significas nada para una empresa. Pero sobre todo créetelo.

  • Aprende a comunicar. El sénior llega a pecar de no escuchar. Nos suena eso de “que me vas a contar a mi”, reconoce que en estos momentos tienes mucho que escuchar. Comunicar bien te permitirá llegar a los demás, para que conozcan tu valor y sobre todo para desenvolverte en un mundo “hiperconectado”.

  • Continua aprendiendo. No lo sabes todo, por más experiencia que tengas. Cada nueva información que recibas, cada paso que des te descubrirá campos nuevos que querrás conocer. Haz que tu curiosidad no termine nunca.

  • Sé flexible. Algo que se pide mucho ahora, si flexible, ser flexible no es malo. Adaptarse al mercado, a las nuevas tecnologías, a las nuevas relaciones humanas, a un sin fin de retos. Interesante no.

  • Toma decisiones. No te conformes con ser un mero espectador de lo que ocurre a tu alrededor, valorar tu propia opinión y ofrecerla. No se necesitan personas que cumplan ordenes sin más, es necesario crear y sentirte útil.

  • Desarrolla tu carácter Emprendedor. No estás mayor para esto, solo es necesario pensar que eres capaz de ver tu trabajo como un reto personal. Pierde el miedo a equivocarte por favor.

  • Sé colaborativo. Que no te importe mostrar lo que sabes, no vives de lo que ya sabes, sino de lo que serás capaz de aprender mañana. Pero sobre todo serás apreciado y seguido por favorecer el conocimiento de los que te acompañen. Disfruta ofreciendo.

  • Desarrolla la competencia digital. De esta ya no nos libramos, nadie se podrá desenvolver profesionalmente en un futuro sin esta habilidad. Piensa y reflexiona, no es necesario que seas un experto en este campo, para ello ya están los profesionales que viven de ello. Solo déjate llevar y trastea, no pienses que esto es solo para unos pocos.

No es fácil el cambio, pero es irreversible. Las empresas con mayor potencial en los próximos años, incluso a la hora de afrontar los procesos de transformación digital serán aquellas que sepan incorporar todo tipo de perfiles y cuando se plantee un proceso de selección lo primero que hagan sea apartar los “prejuicios” de edad y sexo.

No olvidemos un último detalle, no por ello menos importante. El error cometido por todos/as los profesionales de Recursos Humanos o en general por todas las empresas: Cada incorporación es diferente, no podemos plantearnos la entrada de una personas sénior en nuestra organización de la misma forma que un recién licenciado, no lo leas de forma peyorativa para ninguno de los dos colectivos, solo piénsalo. Mejor aún responde a esta pregunta:

¿Cuántos planes de integración y acogida tienes desarrollados en tu empresa?