Luego se fue corriendo, sin mirar atrás, sin remordimientos. Cuando entró en el bar tenía muy claro cuál era su objetivo, tan solo unos días antes habían contactado con él, lo tenía todo grabado en su memoria.

No conocía a la persona, solo su aspecto, no sabía nada de su vida, mi su nombre, ni si tenía hijos, pero cuando le puso el cuchillo en el cuello vio en sus ojos una mirada de suplica. Después hundió el filo, pensando que el dinero serviría para que su hermana fuese operada, es lo menos que podía hacer con trece años.

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