Las Pymes no están aisladas de los cambios que ocurren día a día en la sociedad que les rodea, tanto por temas tecnológicos como de comunicación entre sus miembros. Deben estar al tanto de las nuevas tendencias, porque sin ninguna duda las afectaran y pueden incluso poner en peligro su negocio.

El mundo de las Pymes es muy diferente al de la gran empresa, sus prioridades y los medios de los que disponen nada tienen que ver, las relaciones internas, con clientes y proveedores tienen en la mayoría de los casos un carácter más próximo, más personal. Este factor es una ventaja mucho mayor que todos los medios y estrategias con las que cuenta una gran empresa.

Por otro lado el mundo de la pequeña y mediana empresa tiene un factor negativo que pesa mucho a la hora de cambiar: “El Miedo”. Sus escasas posibilidades de maniobra ante una mala decisión les convierten en entidades, en su mayoría, más conservadoras: Mejor no toquemos lo que ya funciona. Lo que ocurre es que al final los cambios están llegando, se están introduciendo en tu negocio y tu vives mirando hacia otro lado.

A pesar de todo, estamos ante un fenómeno que tiene solución, igual que algunas personas tienen pánico a volar y con la terapia adecuada son capaces de superarlo, con la digitalización y las PYMES pasa lo mismo.

Tengamos en cuenta tres premisas:

  1. Las relaciones entre las personas y de ellas con su entorno, se están modificando de una u otra forma por el uso de las nuevas tecnologías.

  1. Esas mismas personas son las que construyen y forman parte de las empresas.

  1. Las personas que se incorporen al mercado laboral en los próximos años serán nativos digitales.

Así que esto parece no tener marcha atrás, tal vez no sepamos con exactitud cómo será la digitalización en diferentes sectores y como afectará a la PYME. Seguramente cada empresa deberá desarrollar su propia estrategia y salvo aprender de otras experiencias de éxito, pocas cosas se podrán copiar. La cultura de cada empresa influirá en la forma en la que se afrontará el cambio.

Pensemos en algunas claves para perder el miedo a este fenómeno, del que todos hablamos pero en el que pocos trabajan.

“Si tienes miedo pide ayuda, no arriesgues, pero no pierdas la oportunidad”

Es lógico tener miedo a unas herramientas que hasta el momento la mayoría solo hemos usado para buscar antiguos compañeros, compartir fotos o jugar. Bajo esta premisa ¿Qué pueden aportar a una Pyme? En realidad, la pregunta que se debe responder es: ¿Para qué pueden servirme estas herramientas? Te sorprenderá la cantidad de formas de uso que puedes encontrar, que no son las que tienes en mente y que ayudaran a tu empresa a ser mejor.

“No quiero que mis empleados usen las redes sociales durante el trabajo”

 

No es nada descabellado pensar esto, es más, muchas empresas de este país las tienen prohibidas. Pero también para esto hay una terapia, busca entre tus empleados a aquellos que consideres pueden estar más preparados e ilusionados y desarrolla el proyecto de redes sociales con ellos, implica a tu gente, empieza desde dentro. No tengas miedo a las críticas.

“Esto de Internet es interminable ¿Qué herramientas tengo que usar?”

El antídoto para esta premisa, que va asociada al desconocimiento, es ni más, ni menos que FORMACIÓN. Forma a tu equipo de trabajo, no sirve solo con los conocimientos caseros que todos tenemos, cuando trabajas en la digitalización de la empresa no debes correr riesgos innecesarios, que inconscientemente cometemos de forma habitual en nuestras vidas. No olvides que este proceso tiene más que ver con las personas que con las herramientas que decidas usar.

Resumiendo, en este primer repaso, podemos sacar tres ideas que ayudarán a iniciar el vuelo…

  1. ¿Cómo está cambiando mi negocio o cómo cambiará? Estrategia.
  2. Empieza desde dentro y busca aliados en tu gente, son ellos los que lo podrán conseguir con éxito.
  3. Pide ayuda y apuesta por la formación.

No creo que en estos momentos pueda existir un sector o negocio que no se vaya a ver afectado por las cambios que esta sociedad asimila día a día, casi sin darnos cuenta, como si nos inocularan cada noche durante el sueño los cambios que aplicamos en nuestra vida como cotidianos, sin recordar como era antes.

Ten cuidado, porque puedes levantarte un día y observar que los productos o servicios que ofreces ya no son necesarios para la sociedad en la que vives, por más que sigas pensando que eso será imposible.