Entonces reconocí la mirada de la fotografía, ya no tenía ninguna duda. Después de muchos años de búsqueda, de detectives, de preguntas, de esfuerzos estériles, de remordimientos que oprimían el corazón, tenía en mis manos la prueba más clara de lo que deseaba encontrar.

Ella aparecía radiante, guapa, pelo castaño revuelto, ojos marrones con mirada distraída, dibujando una sonrisa pícara con la mano derecha apoyada en el mentón. El folleto era impecable, la promoción incluía el sorteo de un viaje para los primeros cien. clientes de la agencia.

No me interesaba la promoción, solo quería conocer a mi hija.

(Foto de Pixabay)