En estos tiempos es fácil ver a buenos profesionales que extraviaron su empleo hace unos años, personas que han trabajado durante años en un mismo proyecto profesional y que ahora están solos, desorientados, con un futuro incierto y sin saber muy bien qué hacer.

Compromiso, capacidad, motivación, talento, eficacia, efectividad y un largo listado de palabras que en su significado contienen las características que la empresa quiere de un buen empleado. Y que estos profesionales han dado en mayor o menor medida y durante mucho tiempo.

Cuando firmas un contrato laboral, estás creando un compromiso. Se supone que un compromiso que une y vincula a ambas partes, aunque no se sabe si por igual. Trabajas para otro, pero:

Puedes pensar que también trabajas para ti, luego también tienes un compromiso contigo mismo.

Vale, vale, todo esto está muy bien, pero: Soy dueño de mi futuro profesional ¿No? Por supuesto, faltaría más.

Entonces llega un día en que las cosas dejan de ir bien, tu empresa o proyecto no funcionan, te quedas sin trabajo. ¿Qué pasó con el compromiso? ¿Quién tenía ese compromiso? Alguien te recuerda: Es que cada parte tiene el suyo, sin la participación de ambos la cosa no funciona.Ah! No lo sabía, que pena, porque yo no he roto el mío. Pensándolo bien, podría haber dedicado más tiempo a mi desarrollo personal y profesional.

Así llegado este momento no estaría solo y sin saber dónde ir. No pasa nada, tendré que empezar de nuevo.

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