“Esta vez no errare el tiro, vengaré a mi amigo”. Ese fue su primer pensamiento nada más levantarse y salir corriendo de casa tomando prestada la bicicleta de su hermano mayor. Se apostó a la salida del pueblo, detrás de unas pequeñas rocas. Desde allí veía como discurría el camino de tierra serpenteando por la ladera de la montaña, era imposible que le viesen, el sol estaba a su espalda.

 

Recogió las piedras que había a su alrededor, ni muy grandes ni muy pequeñas. Cuando vio llegar el convoy se levanto, estiro al brazo hacia atrás por encima de la cabeza y lanzó la piedra con todas sus fuerzas. Se oyeron varios disparos… cayó desplomado.