Sentía que el mundo se derrumbaba, sus pies se hundían en la tierra y no podía liberarse de la soledad, la impotencia hacía que sus fuerzas la fallaran. Estaba a punto de dejarse ir.

En la pantalla de su smartphone apareció una burbuja con un mensaje, a la vez que emitía un fugaz sonido. Una nueva cita, la enésima sugerencia de este mes.

Eligio una mesa discreta del restaurante y se dispuso a esperar con la certeza de que sería la última vez, no soportaría un nuevo fracaso, cada minuto que pasaba era como una losa sobre sus hombros.

Se sorprendió alargando el encuentro todo lo que pudo y cuando abandonó el local sonriente, dejó olvidada su muleta apoyada en el respaldo de la silla.