Hacía varios días que había llegado al campo 3 y desde allí esperaba la posibilidad de llegar a la cumbre, continuaba notando los síntomas del mal de altura y esa tarde se tomó una sopa caliente que preparó su compañero e intentó dormir para reponer fuerzas. Llegar hasta allí era todo un éxito y sus sentidos le transmitían una paz y una belleza que no había vivido en ningún otro lugar.

Aún quedaba mucho para el amanecer cuando le despertaron y le indicaron que tenían doce horas de buen tiempo por delante, era el momento de atacar la cumbre.

Las seis horas que tardaron en llegar a la cima fueron eternas, llenas de incertidumbre, de movimientos en falso, de frío intenso golpeando la cara. Cada paso era una reflexión sobre si mismo y la búsqueda de una explicación a esa locura.

La respuesta le llegó mientras su compañero de escalada le explicaba lo que se podía ver desde la cima. Mientras él dibujando una sonrisa de gratitud en sus labios, intuía las lágrimas de su guía y amigo.