Hace unos días leí en El País Semanal un articulo de Marta Rebón titulado “Discuta, por favor”, donde se planteaba que expresar disconformidad en público nos produce estrés, que seguimos a la mayoría por miedo al rechazo o por no ofender. Pero también plantea que, si no mostramos nuestro punto de vista, siendo distinto del de otros, la sociedad no avanzará. “Sin disensión llegaríamos a un punto de estancamiento” (Leer artículo completo).

Pensé en el ámbito del trabajo y lo fácil que es encontrarnos con compañeros que usan argumentos cuyo contenido para nosotros carece de importancia, normalmente mostrando frustración, enfado, indignación, o cualquier otro sentimiento negativo. Cuando ocurre esto lo normal es que nos alejemos del punto caliente o simplemente nos limitemos a consolar de forma superficial al compañero/a.

Puede ocurrir, por el contrario, que los argumentos esgrimidos por nuestro compañero/a entren en conflicto con los nuestros y decidamos expresar desacuerdo, siempre intentando que sea de la forma más educada posible.

Lo cierto es que se habla mucho de empatía y se supone que todos debemos tenerla presenta en nuestras relaciones profesionales, sobre todo cuando se habla de liderazgo. Pero ¿Puede que esté sobrevalorada?

Empatía: Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.

Por otra parte, mostrar de manera firme nuestras convicciones respetando a los demás (asertividad), puede ser un revulsivo para la organización. De esta manera evitaremos que se vea inmersa en una uniforme, monótona y unánime corriente de opinión que siempre lleva al mismo lugar, como andar en círculo sin avanzar, aunque los protagonistas crean que si lo hacen. –Argumento esgrimido en el artículo citado

Asertivo: Dicho de una persona. Que expresa su opinión de manera firme.

Pensemos por un instante en la última vez que tuvimos discrepancias con un colega: ¿Qué argumentos tenía para pensar que lo que nos decía no era importante? ¿Y si hubiésemos cambiado nuestro punto de vista? Por un momento situémonos en el lado de la otra persona e intentemos pensar que razones le llevan a él/ella hasta ese razonamiento que hace importante lo que para nosotros no lo es.

En ese ejercicio estaremos poniendo en práctica esa habilidad social llamada empatía, esa afectividad mental que podemos tener con el otro, que nos permite interpretar sus sentimientos y modelar nuestro comportamiento para llegar mejor a esa persona. No tenemos porque sentir lo que él/ella siente o pensar igual que él/ella piensa, solo es necesario poder interpretar sus emociones, su estado de ánimo, sus sentimientos, y podremos ver su punto de vista.

Una vez finalizado este ejercicio iniciamos de forma inmediata otro, donde pondremos poner en práctica nuestra asertividad, pero con ventaja. Si hemos sido capaces de ver desde el otro lado, con más razón podremos exponer nuestros argumentos a la vez que mostramos respeto por los del otro, no aceptaremos los suyos y defenderemos los nuestros. Es posible que, si puedes hacer esto consigas desarrollar una conversación productiva, en lugar de encallar en una discusión estéril.

Un truco para dominar esta situación, para cambiar por un instante nuestro punto de vista: Imagina que eso que estamos despreciando y que es poco importante para nosotros, eso mismo nos sucedió a nosotros la semana pasada.

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En la gestión de las personas en equipos y organizaciones es extremadamente importante saber gestionar los sentimientos de sus miembros, pero no desde la hipocresía habitual: Dando palmaditas en la espalda cuando no consideramos importante lo que escuchamos o discutiendo sin escuchar para defender nuestros argumentos. Usa tu imaginación y estos 3 pasos:

  1. Toma tiempo, dale tiempo. Escucha con atención lo que la otra persona te quiere decir, aunque lo que oigas carezca de importancia para ti, porqué si la tiene para el/ella.
  2. Eso mismo te ocurrió a ti. Cambia de posición sin necesidad de abrazar al otro, observa lo que él/ella ve. Empatía.
  3. Pero yo pienso que. Expresa tu opinión sin reservas, no disimules o escondas ningún argumento por nimio que te pueda parecer. Pero no desprecies de forma pública los argumentos de los demás, si te ves tentado a hacerlo recuerda siempre el punto dos. Asertividad.

Parece que si juntamos las dos habilidades sociales podremos ayudar a los demás, a nosotros y a nuestra organización.

Así que si, la empatía en solitario esta sobrevalorada.

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