Ni le pasaba por la imaginación cómo iba a cambiar su vida ese día. Se levantó con un sobresalto, no había oído la alarma de su Smartphone. Llegaba tarde al trabajo, justo cuando esperaba ese ansiado ascenso en la empresa, su futuro.

Pensó en desayunar en la oficina, eligió el mejor traje que tenía y salió del apartamento bajando atropelladamente por las escaleras. Mientras, iba calculando si llegaría antes en metro o en autobús.

Nada más salir a la calle notó un golpe y un calor que empezaba en el pecho y resbalaba empapando la camisa hasta la cintura.

  • ¡Por favor! Lo que me faltaba. -Exclamó, mientras cerraba los ojos levantando la cabeza hacia el cielo. –
  • ¡Enrique! -Le llamó alguien que sostenía medio baso de café en la mano. –
  • ¡Victoria! -Confirmó él, cuando abrió los ojos. –

Nunca lavó la camisa.