Parece roto, destartalado, olvidado, como si ya hubiese cumplido su misión y nadie mostrara el mínimo interés por su situación. Así parece sentirse el currículum en los tiempos que estamos, como un viejo Vespino abandonado por su dueño, que ya no confía en que pueda llevarle a donde desea.

Sin embargo el problema no está en la utilidad del currículum, en si sirve o no; la cuestión es como repararlo. Si lo haces bien te llevará donde quieras. La pregunta es pues muy sencilla… ¿Dónde quieres ir con él?

No aportaremos mucho si continuamos hablando de su redacción o estilo. Pero ayudaremos si hablamos de su función, de para que sirve, y desde estas reflexiones llegar a la conclusión de cómo puede ser el mejor currículum para cada uno de nosotros.

“La principal función de un currículum es llamar la atención de quien lo lea”

Si analizamos la evolución de la comunicación de un candidato con la empresa, en un proceso de selección (tradicional), nos encontramos con 4 fases que producen el efecto de acumular información de los candidatos, para tomar la decisión final. Cada una de estas partes sirve a su vez de punto de reflexión y descarte de candidatos.

  1. Comunicación escrita. Lectura del currículum por parte del reclutador.
  2. Comunicación verbal limitada. Si se produce la llamada telefónica al candidato.
  3. Comunicación visual limitada. Si se produce contacto a través de video entrevista, en directo o con preguntas diferidas.
  4. Comunicación completa. Entrevista personal con el candidato.

Como reflexión adicional, pensemos como pueden influir los nuevos medios de comunicación social ofrecidos por Internet en la línea de comunicación de un candidato con la empresa. Solo incluir un vídeo currículum entre los datos del currículum tradicional, o referencias a redes sociales profesionales, pueden enriquecer la calidad y cantidad de información que disponga la empresa del candidato. Y por tanto inclinar a su favor –siempre que se haga bien, claro- la balanza del sesgo: Halo.

Pero volvamos al currículum. Si nos fijamos bien, se trata de la pieza clave, del primer punto de contacto e información entre candidato y empresa. Si ese contacto no es efectivo, el candidato es descartado. Así pues: ¿Qué podemos hacer para conseguir nuestro objetivo? Muy sencillo, debemos redactar un currículum que sea del agrado de quien lo lea, de quien lo reciba, de quien realice el primer descarte, entre los que valen y los que no.

“El currículum debe estar escrito pensando en quien lo va a leer, no en quien lo escribe”

Parece algo complicado ¿Cómo puede adivinar un candidato los gustos de alguien que no conoce? ¿Cómo sé qué espera leer un reclutador en mi currículum?

Lo cierto es que si jugamos a ser adivinos no lograremos nada. No es necesario, solo nos debemos fijar en los datos de los que dispongamos: Anuncio publicado, empresa, descripción de la misma, sector, que se ofrece, ubicación, personas que trabajan allí, etc. Y con ella, redactar un anuncio del puesto que desean contratar, que contenga nuestros datos y en el orden que más nos favorezca en el momento de su lectura.

“Siempre debemos tener en cuenta que un currículum no debe mentir ni omitir.”

Pongámonos en la cabeza de la empresa:

  • Presentémonos de forma eficaz en el primer tercio de la primera hoja del currículum.
  • Donde debe aparecer nuestro nombre visible sobre el resto de información y el titular del puesto al que aspiramos –que por cierto es el que pide la empresa-.
  • Incorporemos una pequeña “bio” –no más de 80 palabras- que explique que podemos hacer por los que han decidido leer ese papel.

Incluye los datos justos para que puedan comunicar contigo y una dirección digital que permita al reclutador salir del papel y conversar contigo en otro lugar.

Con el resto de redacción no marees mucho, sé rápido, concentra la información y sobre todo disponla de manera que sea favorable para tu candidatura. Primero lo más cercano al puesto que aspiras, después y en la segunda hoja un cajón de sastre con el resto de información.

Olvídate de convencionalismos. De formatos retorcidos. No incluyas datos personales sin trascendencia y si lo deseas no pongas la foto. Debemos empezar a romper con ciertas “costumbres” que solo favorecen a unos cuentos.

¿Te atreves a probar?